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Los Primeros Habitantes
Período 1820 - 1881
El primitivo habitante del actual territorio cordobés fue el
nativo, mal llamado indígena, cuya existencia se remota a más de
ocho mil años. Se deben señalar como causas de la brusca
disminución de la población, la mortandad resultante de las
enfermedades traídas por el colonizador -para las cuales los
nativos no tenían defensa inmunológica- el sometimiento a
trabajos forzados, los cruzamientos raciales, el avance de los
araucanos y las expediciones militares con fines de exterminio,
en especial la "Campaña al Desierto" llevada a cabo por el
General Julio A. Roca (1879).
El Sur de la provincia de Córdoba estaba ocupado por pampas y
ranqueles -estos últimos araucanizados y sublevados- no obstante
más puros que los primeros que ya se habían cruzado con otros
pueblos de las llanuras. Cazadores de existencia nómade, que
vivían en tiendas de cuero y palos llamadas "tolderías", se
convirtieron en excelentes jinetes de caballos reproducidos
salvajemente con los que dominaron las pampas.
Tres siglos después de la llegada de los españoles y cuando la
mayoría de los nativos ya habían sido sometidos o convertidos,
los pampas y los ranqueles seguían sembrando terror con cada una
de sus hordas depredadoras, incendiando y arrasando poblaciones,
llevándose el ganado y haciéndose de cautivos. A pesar de los
innumerables tratados de paz celebrados y renovados con el
aborigen, la relación podría calificarse como de una
"beligerante paz armada".
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"..Es de destacar el pavoroso problema que para los gobernantes
nacionales representaba las frecuentes hazañas de las hordas
ranquelinas en esta región... en las que pueblos enteros eran
convertidos a la nada y otros eran obligados a sobrellevar vida
agónica". "Las crónicas históricas de aquellos franciscanos de
los primeros tiempos dan cuenta de la enorme tarea
evangelizadora, propagando la fe dentro de las tolderías y en
poblaciones vecinas..."
"La amenaza de los pueblos indígenas fue una constante en la
frontera sur de nuestra provincia, para cuya defensa y
protección se establecieron fortines, es decir, líneas de
fortificaciones con guarniciones permanentes de soldados, tales
como La Carlota, Reducción y Río Cuarto".
El crecimiento poblacional se daba en derredor de las grandes
ciudades y unos pocos terratenientes poseían cascos de estancias
hispano-coloniales, las que más adelante adquirirán un toque
inglés en su estilo.
Las condiciones de vida eran poco estimulantes en estas tierras
dedicadas al pastoreo y la cría de ganado, donde la siembra de
cereales se reservaba sólo para consumo de la milicia.
El origen de la propiedad de los terrenos de la vasta llanura
fue siempre bastante confuso, puesto que la mayoría habían sido
otorgados como premios por las expediciones al desierto y
legitimados a través de bonos de propiedad abstractos.
El estado social de la campaña era lamentable en cuanto a salud
y educación y la frontera sur padecía de un crítico y crónico
estado de anarquía, desprotección y desolación como resultante
de la sumatoria de varios factores: la vastedad de la estepa
pampeana, agreste e indómita, la falta de presupuesto traducida
en falta de recursos humanos y materiales, tales como armas y
útiles de guerra, las constantes desavenencias y
desinteligencias entre civiles y militares, productos de luchas
intestinas, la insubordinación y la deserción de los milicianos.
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Los desertores de la Guardia Nacional y los derrotados de las
montoneras se escondían en la inmensidad, asolando los caseríos,
los viajeros y las fronteras desguarnecidas.
Un viaje en carruaje significaba alto riesgo de vida pues los
poblados y ciudades estaban separadas entre sí por leguas de
caminos con huellas sinuosas y alguna que otra posta desprovista
y mal atendida, a lo que se sumaba el peligro del indígena y las
cuadrillas de vagos, malentretenidos, ladrones y cuatreros.
Con la llegada del ferrocarril y del inmigrante, comienza la
colonización, la explotación ganadera y la agricultura; se
incrementa el valor de la tierra, se fomenta el comercio
nacional y se acrecienta la mano de obra de obra. Cambian las
costumbres en el campo: aparece el cerco de acero -alambrada
divisoria de la propiedad- y es entonces cuando el gaucho
errante y andariego deberá asentarse y vivir como peón rural.
El nombre Leones
Según relatos consignados en el libro de la historiadora Marta
Núñez: "Leones, en el Pasado y Presente", los primeros datos
referidos a esta localidad nos remiten a los años 1835 - 1840
donde existía una posta denominada "Los Leones" que servía de
descanso y refugio a quienes transitaban el Camino Real,
haciendo este desvío para evitar toparse con los malones
aborígenes. En el lugar se encontraba el rancho de don Juan de
la Cruz León que podría haber estado ubicado detrás de donde
está emplazada la oficina de Tránsito y el Juzgado de Paz,
enfrentando la manzana correspondiente a los ex Talleres Rosso
Leones.
Varias son las hipótesis sobre el origen del pueblo -basadas en
testimonios, relatos y conjeturas- las que incentivaron a tantos
historiadores a realizar investigaciones al respecto.
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Cuenta el decir popular que se "coreajaba a lo lion" a todo
aquel que se "aventurara por esos caminos de Dios", mientras que
el prestigioso estudioso del pasado cordobés, Don Luis Roberto
Altamira, atribuye el nombre a la existencia de leones
americanos, "pumas", hambrientos que habrían atacada a las
cuadrillas de obreros de la empresa del Central Argentino, en
varias oportunidades, especialmente en horas de la noche,
causando estupor. Versión que no es muy probable y el mismo
Altamira no puede sostener, ya que por la zona sólo existían
gatos monteses, y rara vez, se veían pumas.
La señora Emma Hernández de Ayala, al ser entrevistada por el
periódico local, "NUEVO DIA", y su testimonio dado al diario La
Prensa de julio de 1972, reiterado a la investigadora Marta
Núñez, retransmite el relato familiar en el cual don Celestino
Hernández, natural de Tucumán, propietario de una tropa de
carreras que hacía el recorrido de Tucumán a Buenos Aires,
recordaba que siendo mayoral de dirigencias, en su juventud,
habría escuchado en más de un fogón criollo describir la leyenda
de que por allá, en 1835, una tropa de carretas que iba a
Rosario, preveniente de Tucumán, fue advertida antes de llegar
al Saladillo de un inminente ataque de "salvajes" (término usado
por la precitada fuente), ocultos en las proximidades de Fraile
Muerte. Por lo tanto desvió su recorrido alejándose del camino
real y se internó en el llano, al Sud, donde descubrió una
tapera habitada por un viejo criollo, llamado Don León, quien
había construido su vida en ese lugar. Como todo gaucho, era
astuto y había protegido su tapera detrás de una enorme laguna,
construyendo un zanjón que impedía el avance de los malones.
Con ayuda de Don León y sus hijos, las carretas se ocultaron
rodeando el rancho esperando la llegada de los indios. La lucha
se produjo y fue sangrienta.
Don León observando que la orientación lo favorecía cruzó a nado
la laguna y prendió fuego a los resecos pajonales, logrando que
los indígenas, al ver las llamaradas, huyeran.
Por ese episodio, el paraje fue conocido como "la tapera de los
leones".
Décadas después la empresa de transporte llamada Mensajerías
Argentinas aprovecharía esa ruta para acortar distancias y
evitar contratiempos y en el lugar de la legendaria tapera
establecería la Posta de los Leones, la que pasaría a llamarse
más adelante, con la llegada del ferrocarril, Estación Leones.
Durante la Intendencia del doctor Amadeo Bertini, por nota del
14 de septiembre de 1942, se solicitó al Departamento de
Publicidad del F.C.C.A, se expidiera sobre la razón del nombre
Leones. Las autoridades de dicha empresa respondieron por nota
del 18 del mismo mes y año que: "se dio el nombre de Leones a
esa población en honor al combate de la Cañada de los Leones que
contra los aborígenes tuviera lugar en octubre de 1857, en las
inmediaciones de Melincué".
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Es de destacar que en el nuevo proyecto de organización
nacional, era común bautizar parajes, lugares, poblaciones y
calles con nombres que rememoraran hechos de la gesta nacional.
Cualesquiera fuera el origen del nombre, estamos en condiciones
de aseverar que la Posta "Los Leones" ya existía como tal en el
año 1864 porque figura como límite en el mapa de una mensura
topográfica que consta en el Archivo de la Dirección de Catastro
de la Provincia de Córdoba, bajo el nombre de Mensuras
Judiciales, Departamento Marcos Juáerz, Nº 11, año 1864, foja 1.
Fuente: Nuestra Parroquia. Estudio Socio-antropológico sobre la
Parroquia "Nuestra Señora del Rosario de Leones" de Marta Ghione
de Fauro, Margarita Mollar y Norma Morini de Bastino.
Parroquia Nuestra Señora del Rosario
Ubicación geográfica
El Templo de Nuestra Señora del Rosario se levanta en las
parcelas 56 y parte de la 57 del trazado del poblado,
coincidente con los planos actuales, situadas entre las calles
Dante Alighieri, Rivadavia, Cortada General Paz y Avenida
Igoillo, enfrentando las vías férreas y cortando el normal curso
de la Avenida General Paz.
Orgullo de los leonenses, se yergue imponente rodeado por el
verde cerco de la Plaza 25 de Mayo, pudiendo realmente ser
apreciado desde la perspectiva que nos ofrece el ingreso al
pueblo por la estación del ferrocarril.
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Su arquitectura
El lenguaje clasicista que se manifiesta, en general responde al
repertorio formal del siglo XlX que se prolonga hasta 1930. Como
consecuencia de la inmigración italiana en la zona, las ideas y
la mano de obra responden a modelos de la lejana Italia con
reminiscencias renacentistas"… (lo) que muestra el calificado
trabajo… cuyo material básico es el ladrillo asentado en cal y
arena con el apoyo de perfiles metálicos,…y sectores de hormigón
armado". La fachada del actual templo es clásica, dividida en
tres espacios de forma rectangular que rematan en una cornisa
muy saliente definiendo la figura principal de la iglesia.
Por encima de ella, las torres altas y elegantes, de dos dados
separados por molduras que terminan en cupulines, alojan las
campanas y el reloj público flanqueando el frontis triangular,
de poca altura que, mediante una pequeña saliente, destaca el
ingreso principal.
Solidez y austeridad son las características de esta fachada
cuyo frente está precedido por un atrio soportado por columnas
dóricas que sirven de sostén al balcón en el cual se observa el
escudo papal.
En dicha decoración se emplearon pilastras dóricas, hornacinas o
nichos, zócalos escaleras de granito rojo, molduras, balaustres,
óculos y ventanas corales en forma de arcos de medio punto.
El eje de simetría divide al templo en dos y se destaca como
culminación en planchuelas remachadas de 90 centímetros de alto
y con fuerte anclaje a la base de mamposterís de 1,10 metros.
El edificio se organiza partiendo de una planta rectangular de
veinte metros de ancho por cuarenta metros de longitud, donde se
contienen la nave central, dos naves laterales y capillas
correspondientes a cuatro de sus tramos".
Esta sucesión de tramos define y direcciona los espacios hacia
el presbiterio, vinculando los diversos elementos
arquitectónicos que conforman el organismo.
El espacio de la nave central se cubre mediante una bóveda
rebajada, las laterales, con bóvedas de arista, las capillas,
sacristía y capilla del Santísimo, con cubiertas planas.
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Cinco arcadas de medio punto de estilo romántico, sostienen el
peso de las paredes que contienen ventanas sencillas en arco,
con "vitreaux" de colores, las que dan un buen efecto luminoso
al recinto.
El presbiterio cobra mayor jerarquía por su ubicación,
ampliándose con la presencia de una gran cúpula de ocho metros
de diámetro asentada sobre un prisma cuadrado, al que se le
inscribe, desde el centro, un tronco cónico que posee en sus
laterales ocho linternas o ventanas con forma de arco de medio
punto, ubicadas en base a ejes que respetan los puntos
cardinales.
Nuestro Templo fue objeto de dos modificaciones edilicias de
importancia a través del tiempo que cambiaron la lectura de la
lectura de la fachada e hicieron que perdiera su estilo
original, en aras de una mayor practicidad.
Al inaugurarse, en 1894, presentaba un atrio clásico de cuatro
columnas siguen siendo cuatro y del mismo estilo dórico, son
desplazadas hacia los costados -lo que podría haberse logrado
con el agregado de perfiles doble T- apareciendo para esta fecha
en la palta alta, sobre la balaustrada, el escudo papal.
El 1939 se opera una segunda innovación sobre el templo, con
motivo de la reformulación de las torres para colocar el reloj
público. Es así como al construirse un cuerpo más sobre los
campanarios, no se sigue con la línea arquitectónica del
conjunto y los capulines quedan fuera de la vista al ser
semi-tapados.
Actualmente la Fiesta Patronal se celebra el 7 de octubre, día
en que como broche de oro de la Novena y misa en su honor,
Nuestra Señora del Rosario recorre las calles de la ciudad en
Solemne Procesión, acompañada por las imágenes veneradas en cada
una de las capillas.
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Su Historia:
La Fundación
En 1891 un grupo de vecinos se reunió con el propósito de crear
una comisión encargada de la construcción del templo. La misma
estaba constituida de la siguiente manera: Presidente Diógenes
Hernández, vicepresidente Domingo Benvenuto, Secretario Pedro
Echenique y otros -oportunidad en que se deja constancia en acta
de que se denominaría "Comisión Capilla Nuestra del Rosario"-
colocándose bajo la protección de esta advocación la concreción
del nuevo templo.
Fuente: Nuestra Parroquia. Estudio Socio-antropológico sobre la
Parroquia "Nuestra Señora del Rosario de Leones" de Marta Ghione
de Fauro, Margarita Mollar y Norma Moroni de Bastino.
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